sábado, 24 de octubre de 2020

Jonio González - Siete poemas

 

Jonio González
Fotografía: Daniel Mordzinski


Perro negro

el hacha de los actos
semeja el pensamiento
una palabra es una palabra
yo disipaba tu realidad
te esperaba cada tarde
eufórica
doméstica 

una palabra es una palabra
y la cuerda que te até al cuello
fue la cuerda que me até al cuello
un señuelo 

una palabra es una palabra
no deja deuda sin cobrar

Fotos


la primera vez la última
de pie sentada
sangre y huesos
la piel flexible
¿de qué reíamos?
¿por qué esa mirada absorta?
¿en qué?
aquel vestido
la brisa despeinándonos
en una calle
un brazo alrededor de mi cintura
ven y mira
aquel verano
la vida era
esas risas
ese vestido
esa corrupción detenida

De "Últimos poemas de Eunice Cohen" (Plaza y Janés, Barcelona, 2001)

Zorro en la terraza

no es lo mismo un bosque
que ese patio donde se mueven
extrañas y ruidosas figuras
sube de un salto a la balaustrada
y las contempla
imagina tal vez el sabor de su carne
aunque es más fácil
revivir el miedo de su proximidad
la desconfianza que le producen
sus risas
cada uno de sus gestos
hasta el de ofrecerle
un plato de comida por la tarde
no se vive mal entre edificios
al fin y al cabo aún conserva la piel
pero el espectro de las ramas
crujiendo bajo sus patas
cierto olor al acercarse al lago
lo persiguen todavía
como si ahora fuese un intruso
en sus propios recuerdos


A veces sólo hablamos

un pez o aquel árbol o un cuchillo
cortando el pan o mejor aún
el pan
lo haría tan bien
abriría la mano
y escaparía el aire
no habría dueño que me robase
lo que no tengo
me llevaría un tiempo
demasiado tabaco
no creo que el físico me acompañase
pero lo que soy
si algo soy
sobreviviría
sin necesidad de hablar

.

A Paul Celan

¿dicen lo mismo
el verdugo y su víctima?
entre el grito
y la súplica
entre la amenaza
y la confesión
¿hablan la misma lengua? 

es en la pausa para tomar aire
donde nace el pensamiento
donde la palabra rescata su sentido 

ahora busca un espejo
dime de quién es el rostro
que se refleja en él
quién se redime o condena
al pronunciar el nombre que callaba


De “Historia del visitante” (Ediciones En Danza, 2019)



Da igual de dónde seas

Desentraña ese pez y guarda su corazón 
Tobías, 5, 5


escriben sobre lobos
y en su país no hay lobos
escriben sobre buitres
y en su país no hay buitres
es decir 
hay lobos y buitres
pero de una especie distinta
una que ni el trozo 
del corazón de un pez
puede ahuyentar


dime ángel
¿qué hacer entonces
con el resto del corazón
sobre las brasas?


¿de qué ha servido
tu promesa?
lobos y buitres
harán de todos modos
lo que han de hacer:
perseguir rebaños
limpiar sus huesos


contribuir
piadosos
a la conclusión
y el viaje


Lección de pesca

él con su larga caña de fibra de vidrio
mango de neopreno
anillas de cerámica
manivela de carbono
sacaba del lago bolsas de plástico
trapos algas
un tópico zapato incluso

consciente de que el carillón de las palabras
a ciertas horas
es como la inútil coartada de la luz
le dije a mi hijo
el menor
ve con tu vara de junco
al extremo opuesto del muelle
y espera

la lógica de la captura 
por mera casualidad
la generosidad no siempre extraña
del vaticinio
no tardaron en revelarse

eran pequeños
más espinas que carne
—sobre las ascuas se consumieron
casi por completo— 
pero también el fruto de una justicia
seguramente inútil 
pero apropiada

Inéditos

JONIO GONZÁLEZ nació en Buenos Aires en 1954 y vive en Barcelona desde 1983. Junto con Javier Cófreces fundó, en 1981, la revista de poesía La Danza del Ratón. Ha sido traducido a varias lenguas e incluido en diversas antologías, entre ellas Una antología de la poesía argentina (Santiago de Chile, 2008), Doscientos años de poesía argentina (Buenos Aires, 2010), Antología de la poesía argentina de hoy (Barcelona, 2010), Poésie récente d’Argentine: Une anthologie possible (París, 2013) y La doble sombra: Poesía argentina contemporánea (Madrid, 2014). Ha publicado los siguientes poemarios: Onofrio. Grupo de Poesía Descarnada (con Javier Cófreces y Miguel Gaya, Buenos Aires, 1978, reeditado en 2008), El oro de la república (Buenos Aires, 1982), Muro de máscaras (Buenos Aires, 1987), Cecil (Buenos Aires, 1991), Últimos poemas de Eunice Cohen (Barcelona, 1999), El puente (Vic, 2001; Buenos Aires, 2002), Ganar el desierto (Buenos Aires, 2009) y La invención de los venenos (Buenos Aires, 2015). Como crítico musical ha sido responsable de la sección de jazz de la revista Lateral y miembro del consejo de redacción de Cuadernos de Jazz.

martes, 20 de octubre de 2020

Paul Celan - Siete poemas



Paul Celan


Trad. José Luis Reina Palazón

Ojo oscuro en septiembre

Tiempo: celada de piedra. Y más copiosos se derraman
los bucles del dolor en torno al rostro de la tierra,
la ebria manzana, bronceada por el aliento
de un proverbio perverso: precioso y reacio al juego,
al que se libran en el maligno
reflejo de su futuro. 

Por segunda vez florece el castaño:
un signo de la míseramente encendida
esperanza del pronto
retorno de Orion: de los ciegos
amigos del cielo el fervor de claras estrellas
lo llama a la altura. 

No celado a las puertas del sueño
combare un ojo solitario.
Lo que a diario sucede,
le basta saber:
en la ventana oriental
se le aparece de noche la enjuta
figura andante del sentimiento. 

En la humedad de su ojo hundes tú la espada.


 Recuerdo de Francia

Piensa conmigo: el cielo de París, el gran cólquico otoñal...
Compramos corazones a las floristas:
eran azules y se abrían en el agua.
Comenzó a llover en nuestra habitación
y nuestro vecino llegó, Monsieur Le Songe, un hombrecillo enjuto.
Jugamos a las cartas, perdí mis pupilas;
me prestaste tu cabello, lo perdí, él nos abatió.
Salió por la puerta, seguido por la lluvia.
Estábamos muertos y podíamos respirar.



Canción de una dama en la sombra

Cuando la taciturna llega y decapita los tulipanes:
¿Quién gana?
        ¿Quién pierde?
                ¿Quién sale a la ventana?
¿Quién pronuncia primero el nombre de ella? 

Es uno que lleva mi cabello.
Lo lleva en las manos como se llevan los muertos.
Lo lleva como el cielo llevó mi cabello el año en que amé.
Lo lleva así por vanidad. 

Ése gana.
        Ése no pierde.
                Ése no sale a la ventana.
Ése no pronuncia el nombre de ella. 

Es uno que tiene mis ojos.
Los tiene desde que se cierran las puertas.
Los lleva en el dedo como anillos.
Los lleva como trozos de placer y zafiro:
ya era mi hermano en el otoño;
ya cuenta los días y las noches. 

Ése gana.
        Ese no pierde.
                Ese no sale a la ventana.
Ese pronuncia por último el nombre de ella. 

Es uno que tiene lo que he dicho.
Lo lleva bajo el brazo como un hatillo.
Lo lleva como el reloj su peor hora.
Lo lleva de umbral en umbral, no lo tira. 

Ese no gana.
        Ese pierde.
                Ése sale a la ventana.
Ése pronuncia primero el nombre de ella. 

Ése será decapitado con los tulipanes.



Tardío y profundo

                    Malvada como arenga de oro comienza esta noche.
                    Comemos las manzanas de los mudos.
                    Hacemos una obra que de buen grado se confía a su estrella;
                    nos tenemos en el otoño de nuestros tilos como un rojo de bandera pensativo,
                    como ardientes huéspedes del sur.
                    Juramos por Cristo el Nuevo desposar el polvo con el polvo,
                    los pájaros con el zapato caminero,
                    nuestro corazón con una escalera en el agua.
                    Prestamos ante el mundo los sagrados juramentos de la arena,
                    los juramos de buen grado;
                    los juramos en voz alta desde los techos del sueño sin sueños
                    y agitamos la blanca cabellera del tiempo...

                    Ellos gritan: ¡Vosotros blasfemáis!

                    Tiempo ha que lo sabemos.
                    Tiempo ha que lo sabemos, ¿pero qué importa?
                    Vosotros moléis en los molinos de la muerte la blanca harina de la promesa,
                    vosotros la ofrecéis a nuestros hermanos y hermanas -
                    Nosotros agitamos la blanca cabellera del tiempo.

                    Vosotros nos amonestáis: ¡Blasfemáis!
                    Bien lo sabemos,
                    que venga la culpa sobre nosotros.
                    Que venga la culpa sobre todos nuestros signos premonitorios,
                    que venga la mar gorgogeante,
                    la ráfaga acorazada de la conversión,
                    el día de medianoche,
                   ¡que venga lo nunca sido!

                   ¡Que venga un hombre de la tumba!


De “Amapola y Memoria” (1952)

Un granito de arena

Piedra en la que te esculpí
cuando la noche devastó sus bosques:
te esculpí como árbol
y te envuelvo en lo pardo de mi más suave adagio
como en una corteza -
Un pájaro,
de la más redonda lágrima salido,
se agita como fronda sobre ti:
tú puedes esperar
hasta que enrre todos los ojos un grano de arena destelle por ti,
un granito de arena
que me ayudó a soñar
cuando me sumergí para encontrarte -
Hacia él brota tu raíz
que te da alas cuando el suelo se encandece de muerte,
te alzas
y delante de ti voy en vilo como una hoja
que sabe dónde se abren las puertas.


El Huésped

Bien antes de la tarde
hace tránsito en tu casa quien ha cambiado el saludo con la oscuridad.
Bien antes del día
despierta
y enciende un sueño antes de irse,
un sueño resonante de pasos:
lo oyes recorrer las lejanías
y arrojas tu alma hacia allí.


Atardecer de las palabras

¡Atardecer de las palabras
Un paso y otro más,
un tercero cuya huella
no borra tu sombra:
- Zahori en el silencio!
la cicatriz del tiempo
se abre
y cubre la tierra de sangre -
Los dogos de la noche de palabras, los dogos
ladran ahora
en tus adentros:
(estejan la más salvaje sed,
el hambre más salvaje...
Una última luna salta para ayudarte:
un largo hueso argénteo
-pelado tal el camino por el que vinistelanza
ella entre la jauría,
pero no te salva:
el rayo que tú despertaste
espumea acercándose
y encima flota un fruto
en el que tú antaño mordiste.

De “De umbral en umbral” (1955)

Paul Anczel (Chernivtsi, Rumanía, 1920 - París, 1970) fue un poeta alemán, de origen judío. Conocido como Paul Celan, fue educado en la tradición jasídica e inició estudios de medicina y de literaturas románicas en la Universidad de Chernivtsi, que hubo de interrumpir en 1942, ante la invasión alemana de Rumanía. Internado en un campo de concentración, logró huir a la URSS y permaneció allí hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Entre 1945 y 1947 vivió en Bucarest, donde aparecieron sus primeros poemas en la revista Agora. Poco después se trasladó a París, ciudad en la que estableció su residencia definitiva, dedicándose a la traducción y a la enseñanza en la Escuela Normal Superior. 

sábado, 17 de octubre de 2020

Paula Novoa - Ocho poemas

 

Paula Novoa


5

Creo en Dios
cuando vos
escribís 
su nombre. 

2

Se vendió la casa de mi abuela 
en donde se crio mi padre, 
el último de sus hijos. 

Anoche quise escribir un poema 
que hablara de esa casa y los recuerdos, 
pero sólo logré unos versos: 
Se vendió la casa de mi abuela 
en donde se crio mi padre, 
que era el último de tres hijos. 

Recordé que una vez
escondí un anillo entre las piedras
como un tesoro, 
un talismán,
un indicio de mi vida.

Entonces, 
escribo: 
Se vendió la casa de mi abuela 
en donde se crio mi padre, 
que era el último de sus hijos. 

Ahora, 
¿quién encontrará 
ese anillo que escondí 
para certificar mi existencia? 

De "El paso de la babosa" (2018)


20


Último cuerpo adonde migro 
último tren 
último vértigo 
último nido. 

Último y siempre. 

Y que la cobardía 
no lleve nuestros nombres. 


41

Plegaria al cielo 
la nada misma 
predice tu nombre.


De "El año que fui homeless" (2014)


La siesta


Habité en silencio mi infancia, 
caminé en puntas
para no despertar a mi madre en sus siestas. 
Cada tanto, extraño a la niña 
que gritaba hacia adentro. 



Desasosiego


Mi tristeza vive en una jaula 
la libero los domingos
sobre todo los de enero
como el canto perturbador
de las chicharras. 


La novia de Morrison

Si hubiese conocido a Morrison 
habría sido una de sus novias. 

Nada me enamora más
que las tormentas humanas 
y un cadáver joven y bello 
a quien visitar cada domingo 
cuando no sé qué hacer con mi propia vida. 



Sangría

Como un ritual 
hacer un tajo, 
dejar que gotee la herida
y, por fin, 
llevar una cicatriz que valga la pena. 



De "Flores a mis muertos" (libro inédito)


Paula Novia nació en marzo de 1976. Es licenciada en Lengua y Literatura y docente en escuelas secundarias. En su obra poética encontramos: El año que fui homeless (Cave Librum, 2014), Hija de mala madre (Cave Librum, 2016) y El paso de la babosa (Cave Librum, 2018). 

martes, 13 de octubre de 2020

Olga Orozco - Dos poemas

 

Olga Orozco



Llega en cada tormenta


¿Y no sientes acaso tu también un dolor tormentoso sobre la 
      piel del tiempo, 
como de cicatriz que vuelve a abrirse allí 
donde fue descuajado de raíz el cielo? 
¿Y no sientes a veces que aquella noche junta sus jirones en 
    un ave agorera, 
que hay un batir de alas contra el techo,
como un entrechocar de inmensas hojas de primavera en duelo
o de palmas que llaman a morir? 
¿Y no sientes después que el expulsado llora, 
que es un rescoldo de ángel caído en el umbral, 
aventado de pronto igual que la mendiga por una ráfaga
  extranjera? 
¿Y no sientes conmigo que pasa sobre ti 
una casa que rueda hacia el abismo con un chocar de loza
   trizada por el rayo, 
con dos trajes vacíos que se abrazan para un viaje sin fin, 
con un chirriar de ejes que se quiebran de pronto como las 
   rotas frases del amor? 
¿Y no sientes entonces que tu lecho se hunde como la nave
   de una catedral arrastrada por la caída de los cielos,
y que un agua viscosa corre sobre tu cara hasta el juicio 
   final? 

Es otra vez el légamo. 
De nuevo el corazón arrojado en el fondo del estanque,
prisionero de nuevo entre las ondas con que se cierra un sueño. 

Tiéndete como yo en esta miserable eternidad de un día.
Es inútil aullar.
De estas aguas no beben las bestias del olvido. 



Desdoblamiento en máscara de todos


Lejos, 
de corazón en corazón, 
más allá de la copa de niebla que me aspira desde el fondo, 
 del vértigo, 
siento el redoble con que me convocan a la tierra de nadie. 
(¿Quién se levanta en mí? 
¿Quién se alza del sitial de su agonía, de su estera de zarzas, 
y camina con la memoria de mi pie?)
Dejo mi cuerpo a solas igual que una armadura de intemperie 
   hacia adentro
y depongo mi nombre como un arma que solamente hiere. 
(¿Dónde salgo a mi encuentro
con el arrobamiento de la luna contra el cristal de todos
   los albergues?) 
Abro con otras manos la entrada del sendero que no sé adónde 
   da 
y avanzo con la noche de los desconocidos. 
(¿Dónde llevaba el día mi señal, 
pálida en su aislamiento, 
la huella de una insignia que mi pobre victoria arrebataba
  al tiempo?) 
Miro desde otros ojos esta pared de brumas
en donde cada uno a marcado con sangre el jeroglífico
  de su soledad,
y suelta sus amarras y se va en un adiós de velero fantasma 
   hacia el naufragio.
(¿No había en otra parte, lejos, en otro tiempo, 
una tierra extranjera,
una raza de todos menos uno, que se llamo la raza de los otros, 
un lenguaje de ciegos que ascendía en zumbidos y en burbujas
   hasta la sorda noche?) 
Desde adentro de todos no hay más que una morada bajo un 
   friso de máscaras;
desde adentro de todos hay una sola efigie que fue inscripta 
   en el revés del alma; 
desde adentro de todos cada historia sucede en todas partes: 
no hay muerte que no mate, 
no hay nacimiento ajeno ni amor deshabitado.
(¿No éramos el rehén de una caída, 
una lluvia de piedras desprendida del cielo, 
un reguero de insectos tratando de cruzar la hoguera del 
   castigo?) 
Cualquier hombre es la versión en sobras de un Gran Rey 
   herido en su costado.

Despierto en cada sueño con el sueño con que Alguien sueña
   el mundo.
Es víspera de Dios.
Está uniendo en nosotros sus pedazos. 


De "Los juegos peligrosos" (1962)


Olga Orozco (1920-1999) fue una poeta argentina. En su obra podemos encontrar: Desde lejos (1946), Las muertes (1952), Los juegos peligrosos (1962), Museo salvaje (1974), Cantos a Berenice (1977), Con esta boca en este mundo (1994), entre otros. Algunos de los premios recibidos:  Nacional de Poesía (1988), El premio del Fondo Nacional de las Artes (1980), Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1998), El premio Gabriela Mistral (1988). 

sábado, 10 de octubre de 2020

Javier Galarza - Nueve poemas

 

Javier Galarza
(Fotografía: Julieta Bugacoff)


Sepia en una postal

Para Tavo Kupinski, en memoria.

Esta pobreza es la merienda de los concentrados.
¿Ves los abrigos, las filas en busca de un plato de comida?
El renovado milagro de la lluvia
abre nuestras soledades a algo más grande.
Tu invierno llegó primero. Y allí quedó tu corazón.
El temporal agitó mi abrigo
cuando miré más allá de los alambres.
Y no supe decir mi nombre en los interrogatorios.
No es que no quise. No supe.
Aquí, en los campos de la abolición,
dejé la guitarra sobre el pie.
Y busque fotos viejas.
Y todas tenían esa calma extraña de los teatros en silencio.
Vos dijiste “hablemos de chicas”.
Y las vimos bailar desnudas en la fila de los condenados.
Y nos prometimos vivir solo por eso.
Son tan lindas. No me falles.
Yo callaría por escribirte. Mirá, yo elegiría la vida.
Mientras la vida aún me elija.
Aún si esta lluvia continuara. O se diera a tu silencio.


Penitente

¿A qué volvería quien tuviera una historia
o hiciera patria en el presente? 

No, no era un centro lo que defendías.
Peleaste por un cambio en todos los órdenes. 

¿Acaso no fuiste al fondo de tu realidad para crearla allí,
donde no estaba? 

¿Había conceptos previos? ¿Cosas tales como mares o
pájaros

La desesperación es la madre de todos los movimientos. 

Un cuerpo es dimensión— no dimensión.
Lo inmensurable mismo, es un cuerpo. 

Que ataque lo indescifrable de tu ahora. 

El cuerpo no reconocido se desplaza en cobijos parciales.
Efectos, piel o superficie de las cosas.
Paul Valery: Lo más profundo es la piel

Nunca buscaste un camino que la lluvia no borrara.
Viajás hacia donde nunca más podrás reconocerte.

 

Tu idioma

Vi las calles besadas
por tu olvido, 

tejiendo lechos de hojas
para el otoño. 

Juegan,
junto a los chicos
que fuimos, 

entre los restos
de la estación. 

Vuelvo a mi sombra,
donde no vuelvo. 

A la hora en que el mundo
callaba su secreto…
¿Qué caía con tu nombre?
¿Temblaba donde no estabas?
¿Qué cantabas a veces
y en qué idioma
siempre
tan lejano?


Tus barcos

Rastreaba los silencios del mundo
en lo que pervive sin mí. 

Era a la aurora la herida de los barcos.
Yo me daba, extraño para los demás, 

ninguno para mí mismo.


De “Lo Atenuado” (Ed. Audisea, 2014)


Pérdida de la intención

Tendemos a repetir
los lugares que habitamos,
porque cuando perdemos las señales
no sabemos volver.
Las valijas nos hacen en silencio,
así dejamos sitios, calles o cuerpos.
Quizás empobrecernos implica atención,
¿cómo si no haríamos tesoros en el cielo?
‘Atento’, del Lat. ‘Attentio’,
es quien concentra la mente
hacia un estímulo determinado,
‘la atención como oración natural del alma’
escribió Celan vía Benjamín vía Malebranche.
Nosotros creamos este ‘no lugar’
donde dejamos de encontrarnos,
atisbamos cada día la renuncia
a la voluntad y al deseo,
pero si perdemos toda intención,
ya no sabemos volver.
‘Intención’ se origina en el latín ‘intentïo’
refiere a la determinación
de la voluntad hacia un fin.
Las supresiones abren lugar,
pero si lo perdemos todo
¿en quiénes podríamos volver?
Y ¿a qué lugar llamado casa?

 

Efecto Invernadero

Con el cambio climático,
las especies migratorias
se ven afectadas,
porque los indicadores varían
y confunden los períodos
en los que deben partir,
‘así estás vos’, me dice N., ‘como los pájaros
cuando se derriten los polos’,
porque sufrí una caída mientras
intentaba subir por un callejón
y mi cuerpo quedó dislocado,
listo para no dejar de caer.
Es cierto, pierdo mi brújula,
dejo de hibernar en forma prematura
o doy frutos fuera de estación,
esto lo debí cantar en primavera,
pierdo mi norte,
las cosas caen por su propio peso,
del verbo ‘cadere’ (caer o suceder),
similar al verbo ‘caedere’ (matar
o hacer morir),
la caída en el Génesis
es lo que nos priva de un lugar seguro,
reptar, arrastrarse sobre el propio vientre,
tentarse y sufrir el castigo
o tomar conciencia de la desnudez,
solo lo prohibido
nos alienta a continuar
o hace lugar al deseo
y cada uno pone un precio
a la medida de su trasgresión.
Decenas de pájaros colisionan cada día
contra los cristales de los edificios.


De “Chanson Babel” (Ed. BuenosAires Poetry, 2017)


Alina

Alina es pálida, mortecina
y pequeña, tan blanca
que haría sonrojar a la nieve,
como una muñeca nazi
de dulzura fotofóbica
o una yonqui
en una fiesta de verano,
triza los espejos
que su reino
ha interrogado.
Certero el pico, el émbolo, la jeringa;
dulce el tajo, la pala, las marcas en los brazos.
Albina, es una figura fantasmal
en el borde de la ciudad.
Parte desde mis brazos a este mundo,
pero pronto se cansa
y vuelve a refugiarse
junto mi pecho, le susurro ¿Alina?
y me mira con la tristeza
que convoca su silencio.
Está llena de preguntas con las que insiste
hasta obtener una respuesta,
recorremos la ciudad sosteniéndonos
y la gente se nos queda mirando.
“¿Están perdidos?”.
“Sí, estamos perdidos.
Por eso caminamos juntos”.


El estallido del cometa

Como el milagro invertido de la luz
sobre un pesebre,
un cometa se desintegra
sobre nosotros.
Y algo más se apaga
desde este silencio
que nos encuentra refugiados
en una casilla a medio construir.
“Yo podría haber sido otra”, dice Alina,
empequeñecida por el frío.
“Soy otra en algún lugar,
todos podríamos
haber sido otros,
somos otros
en algún lugar”.


Un barco muerto

Entre las calles empedradas por la niebla
llegamos al puerto de la ciudad,
a ese barco muerto arrasado por el óxido,
estructuras de metal retorcidas en el navío
a medio hundir, como un milagro allí,
en la periferia,
un navío templado de distancias,
encallado donde la corriente lo arrastró.
“Quisiera viajar lejos, muy lejos.
Inventarme una vida
en algún lugar
y luego volver a partir
para nunca dejar de ser una extraña”, dice Alina.
Aquella tarde entramos al barco, nos buscamos
entre restos de camarotes mientras las escaleras
crujían bajo nuestros pies
y nuestra vida era ese hoy
donde el presente quedaba lejos.
Ya no había lugares ciertos,
soltábamos todas las amarras.

De "Fur Alina" (Ed. Ediciones en Danza, 2018)


Javier Galarza nació en 1968 en Buenos Aires. Dio cursos en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino. Publicó los libros “El silencio continente” (2008), “Reversión” (2010, Tropofonia, Belo Horizonte), “refracción” (añosluz, 2012), “Cuerpos textualizados” (Letra Viva, 2014, en coautoría con Natalia Litvinova), “Lo atenuado” (audisea, 2014), “Chanson Babel” (Buenos Aires Poetry, 2017), el ensayo “La noche sagrada” (audisea, 2017), “Für Alina” (Ediciones en Danza, 2018), el ensayo “La perfecta desnudez”, (Letra Viva, 2018, en coautoría con Leonardo Leibson y María Magdalena) y participó con sus notas en la edición de “H.D –Qué son las islas”, Llantén, 2018, (traducciones de Tom Maver).  En narrativa editó "Diez cuentos góticos" por La Docta Ignorancia, en 2019.  


martes, 6 de octubre de 2020

Henri Micheaux - Cinco poemas

 

Henri Micheaux

Trad. Lysandro Z. D. Galtier

Las pequeñas preocupaciones de cada cual

Una hormiga no se inquieta por un águila. El furor, la ferocidad del tigre nada evoca en su espíritu; el ojo feroz del águila no la fascina, en modo alguno.

En un hormiguero nadie se preocupa por las águilas.

La luz a saltos pequeños no perturba gran cosa a un perro. Sin embargo un microbio que ve llegar la luz, los elementos de la línea de luz, un poco más pequeños que él, siente con desesperación los latidos numerosos que van a dislocarlo, que van a sacudirlo hasta la muerte. También el condenado gonococo, que tanto hace por complicar las relaciones entre el hombre y la mujer, es cogido por la desesperación y abandona, forzado, su dura vida.

 

Nosotros

Nada en nuestra vida ha andado muy derecho.
Derecho como para nosotros.
Nada en nuestra vida se ha consumado a fondo,
A fondo como para nosotros.
El triunfo, la corona,
No, no, esto no es para nosotros. 

Asir en cambio el vacío entre las manos,
cazar la liebre, descubrir al oso,
golpear animosamente al oso, herir al rinoceronte,
ser despojado de todo, puesto en el trance de sudar su propio corazón;
otra vez arrojado al desierto, obligadoa  formar allí su ganado,
un hueso por aquí, un diente por allí, más allá un cuerno.
Esto sí es para nosotros. 

Pensar que las siete vacas gordas nacen en este momento.
Ellas nacen, pero no seremos nosotros quienes las ordeñaremos.
Los cuatro caballos alados acaban de nacer.
Han nacido. Sueñan solamente en volar.
Difícil se hace retenerlos. Llegarán hasta los astros estos animales.
Pero no es para nosotros que los llevarán allí.
Para nosotros las sendas de los topos, las de la grillotalpa.
Entre tanto, hemos llegado a las puertas de la Ciudad.
De la Ciudad-que-cuenta.
Estamos ya en ella, no cabe duda. Es ella. Es ciertamente ella.
¡Lo que hemos debido sufrir para llegar!... y para partir.
Fue preciso desenredarse lentamente, haciendo trampas, de los brazos que los ligaban al pasado... 

Pero no seremos nosotros quienes entraremos.
Serán los muchachos ¡aquí estoy yo! verdegueantes y audaces, los que entrarán.
Porque lo que es nosotros, no entraremos.
Tampoco iremos más lejos. ¡Stop!, no más lejos.
Entrar, cantar, triunfar, no, no, esto no es para nosotros.

 

Hacia la serenidad

Aquel que no acepte este mundo no construirá en él casa alguna. Si siente frío, lo siente sin tener frío. Tiene calor sin calor. Si tala álamos blancos, es como si no talase nada: pero los álamos blancos están ahí, por el suelo, y él recibe el estipendio convenido, o bien sólo recibe golpes. Recibe golpes como un donativo sin significado, y parte sin asombrarse.

Bebe el agua sin tener sed, se hunde en una roca sin el menor malestar.

Con la pierna fracturada, bajo un camión, conserva su aire habitual y sueña en la paz, en la paz, en la paz tan difícil de obtener, tan difícil de conservar, en la paz...

Sin haber salido nunca, el mundo le es familiar. Conoce bien el mar. El mar está constantemente debajo de él, un mar sin agua, pero no sin olas, pero no sin extensión. Conoce bien los ríos. Los ríos lo vadean constantemente, sin agua pero no sin languidez, pero no sin torrentes repentinos.

Huracanes sin viento lo acometen con furor. La inmovilidad de la tierra es también la suya. Carreteras, vehículos, rebaños infinitos lo recorren y un enorme árbol sin celulosa, pero muy arraigado, madura en él un fruto amargo, amargo muchas veces, raramente dulce.

Así apartado, siempre solo en cualquier cita, sin retener jamás una mano entre sus manos, sueña, con el anzuelo en el corazón, en la paz, en la condenada paz lancinante, en la suya, y en la paz que se dice que está por encima de esa paz.

De "La noche se agita" (1934)


El porvenir

Cuando los mah,
cuando las mah,
las marismas,
las maldiciones,
cuando las mahahahahas,
las mahahahaborras,
los mahahahalestares,
las hondragordaguarderías,
los honcucarachonchus,
las hordamoplopeyas de purú pará purú,
los inmunocéfalos glosografiados,
los pesos, las pestes, las putrefacciones,
las necrosis, las matanzas, los hundimientos,
los viscosos, los apagados, los infectos,
cuando la miel petrificada,
los témpanos perdiendo sangre,
los Judíos alocados volviendo a comprar precipitadamente a Cristo,
la Acrópolis, los cuarteles cambiados en repollo,
las miradas en murciélagos, o bien en dardos aspados, en caja de clavos,
nuevas manos en marejadas altas,
otras vértebras hechas con molinos de viento,
el jugo de la dicha trocándose en quemadura,
las caricias en punzantes estragos, los órganos mejor unidos del cuerpo en duelos a sable,
la arena de la caricia pelirroja vuelta plomo sobre todos los aficionados de la playa,
las lenguas tibias, paseantes apasionadas, trastrocándose ya en cuchillo, ya en duros guijarros,
el ruido exquisito de los arroyos que corren, mudándose en bosques de loros y mazos de batán,
cuando el Espantoso-Implacable desahogándose finalmente,
sentará sus mil nalgas infectas sobre el Mundo cerrado, centrado, y como suspendido de un clavo,
volviéndose, volviéndose sobre sí mismo sin jamás alcanzar a escaparse,
cuando, última ramazón del Ser, el sufrimiento, punta atroz, sobrevivirá solo, creciendo en delicadeza,
cada vez más aguda e intolerable... y la Nada terca en rededor que retrocede como el pánico... 

¡Oh desdicha! ¡Desdicha!
¡Oh último recuerod, ínfima vida de cada hombre, ínfima vida de cada animal, ínfimas vidas puntiformes;
nunca más.
¡Oh vacío!
¡Oh Espacio! Espacio no estratificado... ¡Oh, Espacio!
¡Espacio!

De "Mis propiedades" (1929)


Henri Michaux (Namur, Bélgica, 24 de mayo de 1899-París, 19 de octubre de 1984) fue un poeta y pintor de origen belga, nacionalizado francés. Publicó aproximadamente 60 títulos. Fue proporcionalmente reconocido tanto por su trabajo poético como plástico.

sábado, 3 de octubre de 2020

Graciela Cros - Ocho poemas

 

Graciela Cros
Graciela Cros

La liebre gris

 
Los tulipanes deberían estar encerrados como animales peligrosos,
escribe Sylvia Plath,
octubre tambié
porque es octubre
es viudo
y la viudez
es peligrosa,
ácida o amarga,
nunca dulce.
En el sur
los tulipanes brillan
en las mañanas de octubre.
 
La vida cruza frente a mí
y la observo dar saltos
con el recuerdo del que se fue
con la muerte,
abrazado a ella
en un bote que hacía agua,
abrazado a ella
en un bote que hacía agua
con una liebre gris
en la popa
diciéndome
adiós.

El progreso de la huerta

Detrás de mi casa
la huerta progresa
y yo
a 500 kilómetros de distancia
la imagino
y escribo sobre el tema.


Llevo el torso desnudo
y el pequeño departamento
en el que estoy 
a 500 kilómetros de distancia
acumula
una temperatura media de 38 grados
mientras el sol
afuera
incendia el piso de cemento,
calcinado despojo del mundo.


 El rectángulo del patio
parece salido de la máquina de rayos
debajo de la cual me pongo cada día. 


La palabra carcinoma significa pérdida de ilusión. 


Escribir con el torso desnudo,
descalza
y con los pechos colgando frente al teclado
es, por lo menos, una experiencia novedosa
y carece, por completo, de impostura. 


En la ilusión la hay. 


No es que me esté internando en el África
o me piense en El corazón de las tinieblas
pero en esta ciudad
no tengo un solo amigo,
ni siquiera tengo un conocido
y esta obligada permanencia
se parece a un destierro. 


Por otra parte
nunca antes
me senté a escribir
casi desnuda
en la libertad total
del cuerpo a gusto
sin la hipocresía de la ropa
sudando como animal
en el calor valletano
y la crisis personal,
la enfermedad.

De “Pampa de Huenuleo”(2017)

2.

Por mis modos de Madre en escenarios de ilusión pagaría con el dolor de mis órbitas. Por el goce o aprovechamiento –más no fuera- temporal de tu Cuerpo pagaría con mi Santa Leche Original. Por desatar el nudo que ata y no se ve pagaría con 40 de mis Activas Yeguas de la Noche y no lo estoy diciendo todo. ¡Ah Gaviota, Gaviota! Yéndose tras el polen de las horas. ¿Cuál es tu Precio?

4.
 

Soy una dama que pierde las Partidas. Una Hechura Inestable que abandona el juego y se retira a una esquina. Ahí medito la próxima jugada y practico mi chance entre los Necios. Trato con el Sentido.

9.

Soy una dama con Pasado que ejercita El Arte del Polígrafo.
Un gerundio inarmónico me altera tanto como abusar sin dolo del adverbio.
Me arrodillo a los pies del Palimpsesto y hago de él mi Manjar Predilecto.
Cada mañana una de las 40 Activas Yeguas de la Noche
se sienta al tablero y juega la partida del día con La Oscura.
Estoy aquí para contarlo.

11.

Mi Fortaleza despierta comentarios pero todo es puro Simulacro.
No hay tal cosa detrás de esta máscara de hierro.
Soy un pichón que en la tormenta se ha caído del Nido.
Mientras escribo estas líneas tiemblo tirito tengo Frío.

33.


Soy una bestia anfibia de la A a la Z. Soy un techo a dos aguas: de día /ando/ en la tierra. De noche /nado/ crawl. Surco los mares. Digo y reitero: Mi pasión está intacta. Construyo artefactos argento-patagónicos mapuche-sudaqueses.  Soy mi Reina y mi Obrera.  La Dueña de este Nicho.


De “Una posición propia” (2019)

La noche de Rothko

EL cielo parece una pintura de Rothko,
amarillo en el centro,
ocre arriba
y abajo.
A esta hora
Mansilla come
solo.
Es su cumpleaños.
Pienso en amigos distantes
que, seguro
recuerdan
el nuevo aniversario del poeta.
Pero es así,
cerca, duele;
lejos, falta.
Por suerte hay un papel,
un boleto, una servilleta,
un ticket de supermercado
y se puede escribir
mientras la noche de Rothko
pasa
lenta
al otro lado de la ventanilla
por esta ruta del sur.
De “Mansilla” (2010)


Graciela Cros, nació en 1945 en Carlos Casares, en la Provincia de Buenos Aires. Es residente de San Carlos de Bariloche, desde 1971. Publicó, entre otros, los siguientes libros de poesía: Pares Partes (Ediciones de la Flor, 1985); Flor Azteca (Ediciones del Dock, Colección de Poesía "El mono hablador" dirigida por Joaquín O. Giannuzzi, 1991); Decimos (Ediciones Bariloche, co-autoría, 1992); La escena imperfecta (Ediciones Último Reino, 1996); Urca (Editorial Libros de Tierra Firme, Colección de Poesía "Todos bailan" dirigida por José Luis Mangieri,1999); Cordelia en Guatemala (Editorial Siesta, 2001); Libro de Boock (Ediciones en Danza, 2004) y La cuna de Newton (Ediciones en Danza, 2007); Hacer la de Elvis-Re/escrituras (CILC, 2009); Mansilla (Ediciones En Danza, 2010) y Cantos de la gaviota cocinera. Antología personal (Amargord Ediciones, Madrid, 2013); Pampa de Huenuleo (Ediciones En Danza, 2017); “Una posición propia”, Espacio Hudson Ediciones, 2019; como antóloga preparó Marcas en el tránsito, Antología de Poetas Jóvenes de Bariloche (Selección y prólogo, Ediciones Último Reino, 1995) 





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