sábado, 15 de agosto de 2020

Gabriel Pantoja - Cinco poemas

 

Gabriel Pantoja 

*

Saltó y 
cayó alcanzando 
la mesa y dije entonces mesa y dije 
mesa y sangre y vi 
la geométrica fruta
destriparse 
en el ácido 
del cuchillo familiar



**


Eso que había quedado 
en las afueras de la novela. 
¿Fue una charla? Lo que se iba 
espesando en los carbones de la noche
¿relució? ¿Cuánto aguanta 
un organismo el estado de contención? 
Con fibras doblemente apretadas 
por la superficie metálica de todo un siglo, 
así es como se elabora 
una bomba: imitando a un cuerpo



   De "Géminis" (2017)

*



Yo tuve un dios, es cierto 
lo poseí en casi todas 
las despedidas
Ahora arranco mi Chevrolet gris
y soy casi mi padre cruzando 
como un dios la 38
Soy mi padre en el año 92 con anteojos 
de sol cantando un imbécil bolero
Arranco mi Chevrolet y puedo sentir 
que es debajo de mi 
un caballo el corazón de la tierra
y mi Chevrolet acaricia el corazón
del caballo
con sus piernas metálicas acaricia mi Chevrolet
veloz la piel del animal que galopa 
y el animal ríe y galopa 
y río inmensamente yo con el animal 
y yo soy pronto el animal y también
mi padre y el padre de mi padre
y canto como un imbécil un imbécil bolero
y en mi crecen ahora
todas las flores 




**


agarrá esa bolsa 

llenala de agua 
y tierra

hacele un tajo

arrojá la sustancia 
al piso 

si sale un pez y cae
como un corazón
soy yo 

si coletea 
es 
otra cosa

limpiá ahora
esa sustancia

quitale los 
amontonamientos 

si se deforma ahí 
un retrato 
está bien

si se deforman muchos 
retratos
está 
bien 

si se deforma un
paisaje o 
un concepto 
está bien

si se deforma todo 
hasta la expansión 
está bien 

si no se puede escribir 
mejor 

ese pequeño hilo 
opaco y movedizo 
ahora 
es 
tu vida

mirala 

fijate en la parte 
esa donde van 
los huesos 

dálos

que relaman 
de ahí 
los perros


***



El que escribió "poema" y 
se rió y pensó en seguir 
riéndose y dijo entonces
"ciruelas" y vio como 
al decir "ciruelas" sobre 
el hule de la mesa la piel 
circular de dos tardes
se repetían y alzó el 
primer círculo y dijo
"de aquí salir" y alzó 
el segundo de los círculos
y dijo "esto no puede ser
volver" y pensó "porque 
no habría, nunca hubo
nada hacia adelante" y 
vio el rostro así de sus 
ancestros y el rostro así
de sus hijos, cortando 
ahora el mismo círculo, 
vinoso, derramándose 
en esta misma parte 
equivocada, donde 
parece todo repetirse
bajo el idéntico anillo
de las circunstancias. 



Poemas inéditos



 
Gabriel Pantoja nació en Córdoba en 1978. Es psicoanalista y se desempeña como docente en distintas instituciones. En su obra poética podemos encontrar: Crack (2015) y Géminis (2017) libro con el cual obtuvo el premio Javier Adúriz de poesía. 



martes, 11 de agosto de 2020

Néstor Perlongher - Cuatro poemas

Néstor Perlongher



Como reina que acaba 


Como reina que vaga por los prados donde yacen los restos 
            de un ejército y se unta las costuras de su arminio raído 
            con la sangre o el belfo o con la mezcla de caballos y 
            bardos que parió su aterida monarquía 

así hiende el esperma, ya rancio, ya amarillo, que abrillantó 
            su blondo detonar o esparcirse -como reina que abdica- 
            y prendió sus pezones como faros de un vendaval confuso, 
            interminable, como sargazos donde se ciñen las marismas 

Y fueran los naufragios de sus barcas jalones del jirón 
            o bebederos de pájaros rapaces, pero en cuyo trinar 
            arde junto al dolor ese presentimiento de extinción 
             del dolor, o una esperanza vana, o mentirosa, o aún más 
             la certidumbre. 

de extinción     de extinción     como un incendio 

como una hoguera cenicienta y fatua a la que atiza apenas el 
            aliento de un amante anterior, languidecente, o siquiera 
            el desvío de una nube, de un nimbo 
            que en el terreno de estos pueriles cielos equivale a un amante, 
            por más que este sea un sol, y no amanezca 

Y no se dé a la luz más que a las sombras donde andan las arañas, 
            las escolopendras con sus plumeros de moscas azules y 
            amarillas 

(Por un pasillo humedecido y hosco donde todo fulgor 
            se desvanece) 

Por esos tragaluces importunas la yertez de los muertos, su 
            molicie, yerras por las pirámides hurgando entre las 
            grietas, como alguien que pudiera organizar los sismos 

Pero es colocar contra el simún tu abanico de plumas, 
            como lamer el aire caliente del desierto, sus hélices
            resecas 


De "Austria-Hungría" (1980)  

 

 II 

TITILAR DE EBONITA, las lilas de la cruz
liman del clavo la turgencia áspera 
o paspan el derrame del rosario 
por la puntilla del mantel. 

Acaireladas convulsiones, si la medusa hincha al pez, tremola 
en el remolineo la flotación de un cántico, de un cántaro. 

Cantarolan por darle al óleo cenagoso
la consistencia de un velo de noche, por hurtarle 
al dios de la floresta la niñez de un escándalo 
u otorgarle a la red de iridiscencias pasajeras (tiemblan) 
la levedad de un giro en el espacio. 

Patrulla el desternillar del álamo veloz la ceremonia 
al tiempo que lo desboca con incrustes de strass o lentejuela 
móvil 
que rayan la película devenida traslúcida. 

La huida de los cormoranes 
y en su lugar las mansas gaviotas del deseo, 
el vértigo de los meollos 
asombrillando el pajarear. 

¿Adónde se sale cuando no se está? 
¿Adónde se está cuando se sale? 

Al lado, o de repente, la musiquilla se aproxima 
y avisa que las huellas se hacen barro en la disolución del filafil, 
entonces de un tirón se restablece la rigidez de la rodilla (trémula) 
y el pico de la flor abre en el témpano la cicatriz de un pámpano 

                                                         rajando 

los valles de la misa, los alvéolos 
de eso que por ser misa hubo de echarle azogue al ánade, 
una mano de espejo a la destreza. 


III


ENRARECIDA ATMOSFERA, el incienso 
nebulosa de flores repartiendo 
curva al pie de la perla el espejuelo 
y la "luz de cristal", para que emerja 
-princesa de las aguas- la primicia 
del roce del 
sereno 
en el alvéolo de la vibración 
se tensa, se 
suspende: 
                        ah si cuajase 
                        en el espacio pleno de presencias 
                        la opalina de un rimmel 
                        que estampase, crispado sobre sí, 
                        el corcoveo de las gibas, cuya 
                                                                        "fugacidad" 
(vértigo corto) 
            casca, niagara lo nacarado del soutien 
            -desmenuzados hilos en el barro de nylon
            pasa un Nilo 
            la fuerza de una bruta 
            corriente, un movimiento 
            de continuada velocidad: 
            sus hélices elíseas 
            aire al simún, palpando 
            nudosidades dan 

el don.


De "Aguas aéreas" (1990) 


Riff o Ritz


Rifado en el morir, fifado contra 
el muro de la duna, desierto errante hotel: túnica lila, lienzo
tiznado de sudor, en la sofocación 
de los anillos, potros 
viniéndonos encima, crin 
hedionda de la yeta, en yertas
habitaciones o depósitos, sobre- 
viviente de una guerra interna, por 
cuántos minutos, cuántos años, 
carbunclos sucesivos en el chancro, en el 
sarcoma de azabache buitres, so-
llozos de tísica, 
                                    jeta 
contra la cristalera del bargueño. 

Después Dios y toda la novela de las nubes. 
Monjas flotantes, en pelota. 
Asoma la brillantez estolidez
en alas flojas de cetín celeste. 

Y el ácido del caleidoscopio caliginoso 
o la calígine ácida del té, en 
compotas suman a la planicie voladora 
un nihil de figuraciones 
borrosas y empantanadas. 

Toda la melancolía de la tarde 
no alcanza para contener 
el trágico cimbroneo de la carne.

  De "El chorreo de las iluminaciones" (1992)

 

Néstor Perlongher (1949-1992) fue un poeta y militante LGBT argentino. En su obra poética podemos encontrar: Austria-Hungría (1980), Alambres (1987, Premio "Boris Vian"), Hule (1989), Parque Lezama (1990), Aguas aéreas (1990), El chorreo de las iluminaciones (1992), Lamé (selección bilingue hecha por Roberto Echavarren (1994) y Poemas completos (1997).

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 


sábado, 8 de agosto de 2020

María Teresa Andruetto - Seis poemas

 

María Teresa Andruetto 



Ahora que viene el tiempo de los pájaros

Ahora que viene el tiempo de los pájaros 
y en los brotes de las ramas y la blancura 
del almendro, 

ahora que salgo al aire por las tardes 
y riego plantas y veo cómo la tierra bebe 
el agua, 

ahora que se agitan las polleras 
   al murmullo de la brisa, 

ahora que los niños conquistan el baldío 
y construyen refugios y saltan vallas, 

ahora que en el barrio las mujeres se sientan 
a la sombra de los fresnos y toman mate
y hablan, 

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia 
tu casa. 



Entre tus fauces

Río de lomo azul donde navego 
con la cabeza otra vez contra 
la orilla, devuélveme al resuello 
y el talle que he tenido entre tus fauces;
y esta memoria que se lo come todo, 
llévatela. Aquella niña calando 
sandía en el patio y los amargos 
granados abiertos, diamantes 
de azúcar, llévatelos. Llévate también
a ese hombre de cejas espesas
y mirada viva que me ha mirado tanto. 
Llévate los días, y el recuerdo 
de los días, y la tarde en que se fueron, 
y el abrazo. Muchas veces Caronte
me pidió que entregara la dádiva, 
y yo la dí, y los subí a la barca, 
y los empujé hacia el agua
que hace sombra. Vuelve siempre 
un camino de cipreses y el crujido 
de mis pasos en la arena. Vuelven 
los que trazan la huella de los días 
y reclaman: Mira hacia arriba. 
Y yo por el cielo, huérfana, buscando 
el Caprino, los Gemelos, un recuerdo 
de agua azul sin alimañas. Mira
hacia arriba, dicen, y yo en tus fauces
otra vez, contra la orilla. 


De "Pavese y otros poemas" (1998)



2


Lenta la pincelada oscura, 
el hijo del molinero 
tantea con ojos ciegos 
                       la espesura 
hasta dar con la luz. 


3


Este rostro ya estaba 
debajo de la tela, estaba y carcomía 
con su podredumbre el retrato del joven 
con gorguera. Bajo las arrugas y los ojos 
desteñidos están los ojos arrogantes 
de otro tiempo, pero ni el otro ni éste 
son grandes, a todos los ha herido 
esta luz: ya nada es menos, 
hasta lo más miserable 
tiene su destello. 



De "Beatriz"(2005) 


Señor, 
permíteme bajar
a los pozos 
de mi pensamiento 
manantiales de sangre, 
depósitos intactos 
de locura, 
con la frente alta
sin miedo 
a los derrumbes. 

 


Kodak 

Yo
los miraba 
                     tras la lente de la Kodak 
                    con la que padre
                   registró la guerra 
antes 
que la muerte
disolviera sus pupilas
y delegara en mis ojos 
el dolor de mirarme 
devastada
de ausencia.


De "Réquiem" (1993) 

 

María Teresa Andruetto es una escritora argentina. Estudió Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. En su obra poética podemos encontrar: Palabras al rescoldo (1993), Réquiem (Edición Premio Argos de Poesía, 1993), Pavese y otros poemas (1998), Kodak (2001), Beatriz (2005), Pavese-Kodak (2008), Sueño americano (2009), Tendedero (2010), Rembrandt/Beatriz (2008) y su Poesía reunida (2019). Obtuvo los premios: Fondo Nacional de las Artes en Novela (2002), Hans Christian Andersen de Literatura Infantil y Juvenil (2012), Konex de Platino a las Letras en literatura infantil (2014), entre otros. 


martes, 4 de agosto de 2020

Carlos Drummond de Andrade - Cinco poemas


Carlos Drummond de Andrade




Retrato de familia
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
 
Este retrato de familia
está un poco polvoriento.
Ya no se ve en la cara del padre
cuánta plata ganó.

En las manos de los tíos no se notan
los viajes que ambos hicieron.
La abuela quedó lisa, amarilla,
sin recuerdos de la monarquía.

Los chicos, qué cambiados que están.
La expresión de Pedro es tranquila,
usó los mejores sueños.
Y João ya no es más mentiroso.

El jardín se volvió fantástico.
Las flores son placas cenicientas.
Y la arena, bajo los pies extintos,
es un océano de niebla.

En el semicírculo de sillas
se nota cierto movimiento.
Los chicos cambian de lugar,
pero sin hacer ruido: es un retrato.

Veinte años es mucho tiempo.
Modela cualquier imagen.
Si una figura se va marchitando,
otra, sonriendo, se ofrece.

Esos extraños sentados,
¿son mis parientes? No creo.
Son visitas que se divierten
en un salón que rara vez se abre.

Quedaron aires de familia
perdidos en la pose en los cuerpos.
Lo suficiente para sugerir
que un cuerpo está lleno de sorpresas.

La moldura de este retrato
en vano encuadra a sus personajes.
Están ahí voluntariamente,
podrían –de ser necesario– volar.

Podrían evaporarse
en el claroscuro del salón,
ir a vivir al fondo de los muebles
o en el bolsillo de viejos chalecos.

La casa tiene muchos cajones
y papeles, escaleras largas.
¿Quién sabe la malicia de las cosas
cuando la materia se aburre?

El retrato no me responde,
me mira fijo y se contempla
en mis ojos polvorientos.
Y en el cristal se multiplican

los parientes muertos y vivos.
Ya no distingo a los que se fueron
de los que se quedaron. Percibo apenas
la extraña idea de familia

que viaja a través de la carne. 

*
*

Los hombros soportan el mundo
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

Llega un tiempo en que no se dice más: Dios mío.
Tiempo de absoluta depuración.
Tiempo en que no se dice más: amor mío.
Porque el amor resultó inútil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos tejen apenas el tosco trabajo.
Y el corazón está seco.

En vano las mujeres golpean a la puerta, no les vas a abrir.
Te quedaste solo, la luz se apagó,
pero a la sombra tus ojos resplandecen enormes.
Sos pura certeza, no sabés sufrir.
Y no esperás nada de tus amigos.

Poco importa que venga la vejez, ¿qué es la vejez?
Tus hombros soportan el mundo
y el mundo no pesa más que la mano de un chico.
Las guerras, las hambrunas, las discusiones dentro de los edificios
prueban tan sólo que la vida sigue
y todos no se liberaron todavía. 
Algunos, considerando bárbaro el espectáculo
prefirieron (los delicados) morir.
Llegó un tiempo en que no sirve para nada morir.
Llegó un tiempo en que la vida es una orden.
La vida, nada más, sin mistificación.

*
 * 

La flor y la náusea 
Traducción: Maricela Terán

Pertenezco a mi clase y a algunas ropas,
voy de blanco por las calles sucias.
Melancolías, mercaderías me acechan.
¿Debo seguir hasta la náusea?
¿Puedo rebelarme sin armas?
 
Ojos turbios en el reloj de la tarde:
no, no ha llegado el tiempo de completa justicia.
El tiempo aún es de heces, malos poemas,
alucinaciones y espera.
 
El tiempo pobre y el poeta pobre
se funden en un mismo impasse.
En vano intento explicarme. Los muros son sordos.
Bajo la piel de las palabras hay cifras y códigos.
El sol consuela a los enfermos y no los restablece.
Las cosas. ¡Qué tristes son las cosas, consideradas sin
    énfasis!
 
Vomitar este tedio sobre la ciudad.
Cuarenta años y ningún problema
resuelto, ni siquiera ubicado.
Ninguna carta escrita ni recibida.
 
Todos los hombres vuelven a casa.
Son menos libres pero llevan periódicos
y deletrean el mundo, sabiendo que lo pierden.
 
Crímenes de la tierra, ¿cómo perdonarlos?
Tomé parte en muchos y otros oculté.
Algunos vi bellos, fueron publicados.
Crímenes suaves que ayudan a vivir.
Ración diaria de engaño distribuida en casa.
Los feroces panaderos del mal.
Los feroces lecheros del mal.
 
Prender fuego a todo, incluso a mí.
Al joven de 1918 lo llamaban anarquista.
Sin embargo mi odio es lo mejor de mí.
Con él me salvo:
a casi nadie doy una esperanza mínima.
 
¡Una flor ha nacido en la calle!
Pasan de largo, camiones, omnibuses, ríos de acero del
    tránsito.
 
Una flor todavía descolorida
elude a la policía: rompe el asfalto.
¡Guarden completo silencio, paralicen los negocios,
aseguro que ha nacido una flor!
 
Su color no se percibe.
Sus pétalos no se abren.
Su nombre no está en los libros.
Es fea. Pero es realmente una flor.
Me siento en el suelo de la capital del país a las cinco
    de la tarde
y lentamente acaricio esta forma insegura.
Del lado de las montañas, nubes espesas van
    agrandándose.
Una lluvia menuda agita el mar como gallina espantada.
Es fea. Pero es una flor. Ha roto el asfalto, el tedio, la
náusea y el odio. 

*
 * 

Mundo grande
Traducción: Rodolfo Alonso

No, mi corazón no es mayor que el mundo.
Es mucho menor.
En él no caben ni mis dolores.
Por eso me gusta contarme.
Por eso me desnudo,
por eso me grito,
por eso frecuento los periódicos,
me expongo crudamente en las librerías:
necesito de todos.
 
Sí, mi corazón es muy pequeño.
Sólo ahora veo que en él no caben los hombres.
Los hombres están aquí afuera, están en la calle.
La calle es enorme. Mayor, mucho mayor de lo que esperaba.
Pero tampoco en la calle
caben todos los hombres.
La calle es menor que el mundo.
El mundo es grande.
 
Tú sabes qué grande es el mundo.
Conoces los navíos que llevan petróleo
y libros, carne y algodón.
Viste los diferentes colores de los hombres,
los diferentes dolores de los hombres,
sabes qué difícil es sufrir todo eso,
amontonar todo eso
en un solo pecho de hombre...
sin que estalle.
 
Cierra los ojos y olvida.
Escucha el agua en los vidrios,
tan calma. No anuncia nada.
Mientras se escurre en las manos,
¡tan calma! lo va inundando todo...
¿Renacerán las ciudades sumergidas?
Los hombres sumergidos — ¿volverán?
 
Mi corazón no sabe.
Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón.
Sólo ahora descubro
qué triste es ignorar ciertas cosas.
(En la soledad del individuo
olvidé el lenguaje
con que los hombres se comunican.)
 
Antaño escuché a los ángeles,
las sonatas, los poemas, las confesiones patéticas.
Nunca escuché voces de gente.
En verdad soy muy pobre.
 
Antaño viajé
por países imaginarios, fáciles de habitar,
islas sin problemas, no obstante agotadoras
y convocando al suicidio.
Mis amigos partieron a las islas.
Las islas pierden al hombre.
Entretanto algunos se salvaron y
trajeron la noticia
de que el mundo, el mundo grande
está creciendo todos los días,
entre el fuego y el amor.
 
Entonces, mi corazón también puede crecer.
Entre el amor y el fuego,
entre la vida y el fuego,
mi corazón crece diez metros y estalla.
— ¡Oh vida futura! nosotros te crearemos. 

 
*
*

Consideración del poema
Traducción: Rodolfo Alonso

No rimaré la palabra sueño
con la inconveniente palabra empeño.
La rimaré con la palabra carne
o con cualquier otra, que todas me convienen.
Las palabras no nacen amarradas,
saltan, se besan, se disuelven,
en el cielo libre apenas un dibujo,
son auténticas, amplias, puras, insuperables.
 
Una piedra en medio del camino
o apenas una huella, no importa.
Estos poetas son míos.
Con todo orgullo, con toda precisión
se incorporaron a mi fatal lado izquierdo.
Robo a Vinicius su más límpida elegía.
Bebo en Murilo.
Que Neruda me dé su corbata llameante.
Me pierdo en Apollinaire. Adiós, Maiakovski.
Todos son mis hermanos, no son periódicos
ni deslizar de lancha entre camelias:
es toda mi vida que aposté.
 
Estos poemas son míos. Es mi tierra
y es aún más que ella. Es cualquier hombre
al mediodía en cualquier plaza. Es la lámpara
en cualquier pensión, si todavía las hay.
—¿Hay muertos? ¿hay mercados? ¿hay dolencias?
Es todo mío. Ser explosivo, sin fronteras,
¿por qué falsa mezquindad me rasgaría?
Que se depositen los besos en la faz blanca,
en las nacientes arrugas.
Consideración del poema
El beso es todavía una señal, aunque perdida,
de la ausencia de comercio,
boyando en tiempos sucios.
 
Poeta de lo finito y de la materia,
cantor sin piedad, sí, sin frágiles lágrimas,
boca tan seca, pero ardor tan casto.
Dar todo por la presencia de los lejanos,
sentir que hay ecos, pocos, pero cristal,
no roca apenas, peces circulando
bajo el navío que lleva este mensaje,
y aves de pico largo confiriendo
su derrota, y dos o tres faroles,
¡últimos! esperanza del mar negro.
Ese viaje es mortal, y comenzarlo.
Saber que hay todo. Y moverse en medio
de millones y millones de formas raras,
secretas, duras. Ése es mi canto.
 
Es tan bajo que ni siquiera lo escucha
el oído a ras del suelo. Pero es tan alto
que las piedras lo absorben. Está en la mesa
abierta en libros, cartas y remedios.
Se infiltró en la pared. El tranvía, la calle,
el uniforme del colegio se transforman,
son olas de cariño que te envuelven.
 
¿Cómo huir al mínimo objeto
o recusarse al grande? Los temas pasan,
yo sé que pasarán, mas tú resistes
y creces como fuego, como casa,
como rocío en los dedos,
en la hierba, que reposan.
 
Ahora ya te sigo a todas partes,
y te deseo y te pierdo, estoy completo,
me destino, me hago tan sublime,
tan natural y lleno de secretos,
tan firme, tan fiel... Como una lámina,
el pueblo, poema mío, te atraviesa.
 
Carlos Drummond de Andrade (1902-1987) fue un poeta y periodista brasileño. En su obra poética podemos encontrar: Alguma Poesia (1930), Brejo das almas (1934), sentimiento do mundo (1940), José (1942) A Rosa do Povo (1945), Claro Enigma (1951), Fazendeiro do ar (1954), Quadrilha (1954), Viola de Bolso (1955), entre otros. 

sábado, 1 de agosto de 2020

Eduardo Mileo - Cinco poemas


Eduardo Mileo



Paisaje de consuelos tontos 


 
En el horizonte de sus pensamientos 
el sin trabajo espera una seña. 
Sabe que no araña la razón de su vida 
con esos circunloquios efímeros 
esas ausencias de lógica que son 
traducciones de una ausencia de comida. 
Observa con atención alguna cosa
que no requiera demasiada atención
y vuelve a caminar 
recorre
toda esa pobreza
clasificada. 
Cree el sin trabajo 
que sus lagunas mentales son transitorias
porque algo sabrá conseguir
más allá de los laureles  
que todos supimos y nunca 
fueron eternos. 



 
Paisaje de la calle odontológica 



La calle es un dolor de muelas. 
Fuera de sí 
desubicado en la estridencia del martillo
canta para que adentro 
llueva y le moje 
el dolor. 


¿Toda agua es cantante de sí misma? 
¿Qué liquida voz 
en la ondulante 
marina red halla su muerte? 
¿Qué canto funeral la desintegra 
                                la ahoga 
                                    desanima su paciencia? 
Toda voz desea su silencio. 

Pero la calle desilusiona: 
el mismo siempre dolor de muelas. 
Si al menos un contraste 
le devolviera el color. 
Él canta con toda
la voz que le es posible.
Mas canta para adentro: 
no se le oye la fe. 


¿El agua es un modo de religión? 
Ninguna fe sin herejes es confiable. 
Todo dolor inventa su anestesia.  

 
 
De "Los paisajes" 
("Poemas del sin trabajo" Ediciones en Danza, 2007)







Sueño con plomero 


El agua sorda 
o abierta en estampida 
es una astuta presa: 
parece que esperara
una señal del cielo
mas lanza la primera
de las piedras.
Es un diamante solo
continuo y luminoso; 
cabalga en su manada 
de transparentes crines. 
Un liquido sagaz, 
precoz y asaz, 
una amenaza cierta, 
derramada, lúdica. 

Aplicando las artes
del mester de plomería 
procura minimizar 
los rítmicos desordenes. 
Sus herramientas son Dios, 
el soplete y el plomo, 
alguna que otra llave de abrir 
los purgatorios. 
El agua está al acecho 
como animal temido. 
Él cierra las ventanas 
para evitar el viento. 
Se presiente el combate
entre el bárbaro y Roma. 
Alza el fajo de estopa 
como tosca bandera
y con toda su ciencia 
busca el ojo
de la pérdida. 

Sueño con albañil

No sabe si los ojos 
despertarán el olvido 
oscuros como son 
amenazados. 


Caminará con las manos 
cerca del cielo 
por el andamio mirará 
las mariposas.
No habrá que darle su ración
si no la busca. 
Trabajará sin distracción 
sin acechanzas. 

Desde el andamio orinará 
alcohol de olvido 
para aclarar las alturas. 
A media noche viajará 
de la pared al cordón 
y del cordón a la nada. 

De "Los oficios" 
("Poemas del sin trabajo", Ediciones en Danza, 2007) 


El olor de la parrilla vacía 



 
El trabajo ha cesado.
El músculo duerme.
Si la ambición descansara 
habría un horizonte. 
Pero nada: 
estado de coma. 
Sedimentos 
en el lecho de un río 
que se niega a pasar. 


Un pájaro canta en una rama. 
El árbol ha florecido
y le ofrece abrigo y alegría. 
El gorjeo es claro 
como la mañana. 
Pero pronto cesa. 
El pájaro escapa. 
El árbol, vacío de corcheas, 
es generoso, sin embargo, en flores. 



El sin trabajo mira la escena
bajo el toldo de aluminio 
de una carnicería. 
La vida huele a sangre -piensa- 
y está hecha de olvido.  
 



De "El sin trabajo"
("Poemas del sin trabajo", Ediciones en Danza ,  2007)
 


Eduardo Mileo nació en Buenos Aires en 1953. En su obra poética podemos encontrar: Quítame estas cruces (1982), Tiendas de campaña (1985), Dos épicas (con Alberto Muñoz, 1987), Puerto depuesto (1987), Mujeres (1989), Misa negra (con Alberto Muñoz, 1992), Poema del amor triste (2001), Poemas sin libro (1º premio del Fondo Nacional de las Artes 2001, editado en el año 2002), Muro de lagartos (2004) y Poemas del sin trabajo (2007). 
En el 2000 recibió una beca nacional del Fondo Nacional de las Artes. Fue miembro del consejo editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón hasta su último número, aparecido en 2001. 
  

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