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| Amelia Biagioni |
Bosque
Mi sombra
mi pasión
mi razón
mi relámpago
me dijeron
que hay en el universo cuatro hambres.
Mis hambres
me gritaron
que el universo no se calma con gemidos
sino con actos.
Mis actos
me mostraron
que el universo es el oscuro claro andante bosque
donde todo movimiento es cacería.
Gestalt
De mi boca brota un bramido de los soles.
Orión recién despedazado
sopla el cuerno de caza
halalí
que reverbera en astronaves y galaxias.
En flecha en selva y en turbina
con ansia blanca y negra
las estirpes
del polvo
al ángel
devorándose comulgándose
persiguen la persecución
halcón azor amor
neblí radar
para alcanzarme límpidas a Mí
que soy el Cazador.
De "Las cacerías" (1976)
Jardín
Oculto en el follaje que pinto vive el reino.
Celebrando simétricos
sin máscaras ni sombras
dentro del círculo
sobre su esmalte cautivante
dibujamos con baile señalado
el dual desnudo manso vuelo del primer
pensamiento en acorde o alterna melodía
los medidos senderos
el rito blanco
la dorada sumisión
el pálido emblema de la vida infinita.
Somos la leve primordial pareja
que gira transparente
por el diagrama infuso
por el jardín escrito
que los celestes bandos rondan
y el ojo eterno guarda,
apacentando la inocencia
nombrando sin dudar
las tersas piedras flores y animales.
Ondulando retráctil anillándonos
la vida breve nos conduce
con mudanzas improvisadas
hasta la alcoba de amapolas y amarantos
bajo el rojo fulgor del cedro séneca.
Nunca tendrá la rosa púrpura
las mariposas ni los nombres respirados
ni el vórtice de pétalos
ni el axioma de fuego
que nosotros creando
la más profunda y asombrosa flor.
Todavía abrazados
denso de órfica noche nuestro cuerpo bifronte
nos damos la mirada azul
que es salto hacia la identidad.
Y descubrimos el hondo mandala
su esfera amante sin orilla
oh Corola del sueño real
oh reino donde todo reina
donde somos
la quietud columpiándose
un pájaro ibis tórtola oropéndola
quetzal
volando en el origen
las exhaladas sendas polifónicas
del unísono trébol
la espesura gorjeo
el verticilo río de ayantes aleluyas
el rayo paulatino abriendo
bayas magnolias tigres lenguas
y zodiacales ojos
los múltiples edenes porvenires
sus esfinges
guirnaldas y bestiarios
la nervadura de la pasión sin fin en arpas.
Todo contempla al cíclico dragón
que es la pantera
que es el unicornio
que es la gacela
que es el cíclico simorg
todo es arrullo ardiendo
que se amamanta y se devora majestuoso
verde es el fondo de la hoguera.
Y nuestro reino en la vigilia se deshoja.
La noche estrellada
Mujer en otra celda otra ciudad
desconocida mía
lastimadura como yo:
En esta centelleante compasión
profundamente despertemos juntos
en el fondo del acto azul
donde se aman los astros.
Mira, es nuestra su sinfonía de torbellinos.
Reunidos en la altura del esplendor
entre generaciones de profecías y poemas,
en oleaje inspirado transpasándonos
hasta ser el latido de la comba de lumbre,
sobre el drama de sombras ira crimen llanto
manamos tregua y fiesta.
Mira el valle:
Por nuestra cósmica pasión
de la entraña del miedo
con ademán de inmenso prójimo
surge brillando anónimo el héroe innumerable
en sus hogueras cantan invisibles artistas
la inocencia cubre la culpa
y la agonía enseña a sonreír.
Nuestra ventura en apogeo crece tanto
que sobrepasa la vorágine del salmo fulgurante
y tan orante ejerce su realeza
que tu silencio expande
la
terrible caridad y hermosura
y mis manos producen alma
y la cara de mi íntimo enemigo
se pierde en mi espejo infinito.
En esta noche impar
amándonos desamparados por murallas
agrandamos el firmamento.
De "Las estaciones de Van Gogh" (1984)
Amelia Biagioni (1916-2000) fue una poeta y profesora argentina. En su obra poética podemos encontrar: Sonata de la soledad (1954), La llave (1957), El humo (1967), Las cacerías (1976), Las estaciones de Van Gogh (1984), Región de fugas (1995). Por "Sonata de soledad" recibió una faja de honor de la Sociedad Argentina de Escritores. Además ganó el premio Alfonsina Storni.